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19 sept. 2009

Las memorias de Alexander Ruit.

Nuevamente caía al piso como un corte de carne ensangrentado. Los azulejos se teñían de rojo y su alrededor las piernas de su torturador no daban señales de cansancio ni de hastío. Al levantarse una patada en la cara lo dejaba tendido boca arriba jadeante. La habitación estaba completamente iluminada, el anciano podía verle los ojos a quien lo lastimaba de aquella manera y en aquel momento lo hizo. Estaba frente a un hombre no demasiado mayor, unos aparentes 30 años, de finos cabellos largos y una finísima sonrisa. Su mirada es fría y para nada inquieta.
El hombre comienza a contemplar sus manos húmedas. ¿Qué sucedió? El piso estaba inundado.
_ Quizás usted no lo sepa. El agua dulce no trasmite la electricidad quizás lo alivie saber que está parado sobre agua dulce.
El hombre mira atormentado y confundido.
El torturador se llama Alexander Ruit, quita de su bolsillo un diminuto papel.
_ Pero el contacto con la piel humana, automáticamente la vuelve salada.
El hombre parece sentir un dolor atravesándole el cuerpo y emite un leve quejido. Alexander sonríe.
_ Erilka es su nieta de 12 años. ¿Se acuerda de ella?
Alexander saca de un bolsillo una foto de la niña y se la tira frente a él.
_ Su nieta podría ser como cualquier otra nena. Pero no lo es…¿no es cierto?
Alguien abre una puertezuela metálica, similar a la de las bancos y le alcanza un reproductor de audio. Una voz de una nena se escucha llorando y le dice, NO ABUELO NO!.
El viejo comienza a llorar. Alexander mira ensombrecido.
_ Te das cuenta que le cagaste la vida a una criatura ¿no?
La mirada de los ojos azules es persistente y condenaba al anciano. El anciano sentía el juicio de Dios al mirarlo directamente a los ojos.
Alexander se levanta y sentándose en una silla se pone unas grandes botas de goma. Sobre la mesa hay dos bornes conectados a un gran aparato. Al tirar los cables al suelo el viejo queda tiritando de miedo esperando el shock. Aterrorizado levanta los ojos y lo mira a Alexander que sonríe.
_ Olvide prenderlo.
Y bajando un interruptor el viejo comenzó a electrocutarse.

7 comentarios:

Margot dijo...

Contra su voluntad, su piel se erizó.
Realemnete su padre se había suicidado?

Baldwin y la demencia dijo...

Alexander Ruit muere de un derrame cerebral, según su certificado de defunción y nosotros le creemos.

Darío dijo...

Gran blog, iré para abajo a empezar la historia como corresponde.
Saludos!

Alatriste dijo...

Gracias por visitar mi blog, pues eso me ha permitido conocerte a ti y a tu forma de escribir. Me gustó lo que pude descubrir. Te deseo lo mejor, compañero. Un abrazo y cuídate.

Lev Davídovich Bronstein dijo...

¡Hola colega! ¿Qué tal? Por fin paso por su blog.
Interesante la historia. toma un giro que no imaginaba. Me acordé, relacionando, de un peliculón de aquellos, que ví hace poco. "El crímen de Cuenca". Muy recomendada, me gustó mucho.
Bueno, saludos y hasta pronto.

Baldwin y la demencia dijo...

Muchas gracias gente, iluminan este día tan gris.

El viento a contramano dijo...

Un historia muy interesante… una vida que ha dado mucho que hablar.