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10 feb. 2010

Alexander y la cobardia.

Como un obra de arte se sostenía flotando.
 Alexander fumaba un cigarrillo desolado, con sus ojos como dos profundas cavernas sin retorno no veian más el exterior. Dicen que los ojos son el espejo del alma, bien parecia que Alexander habia perdido la suya o la habia dejado libre hacia tiempo.

Reposaba en posición fetal y se veia viva y radiante, cómo una sirena, como un feto moviendose en su líquido amniótico. Reposaba feliz. Acariciaba su mejilla y bailaba entre los poros una pequeña lágrima que por la mejilla se quebraba en mil pedazos sobre el suelo al caer.
 Nuevamente el vacilante cadaver flotaba ahí mismo, ascendiendo y descendiendo en el agua. En silencio.

Cuando la puerta se abrió y sus relajadas piernas caminaron cómo en  una coreografía  de tap, la mudez sepulcral parecio ser rota banalmente.

_ ¿Que sucede Alexander? -preguntó Rodrigo Minerva con su joven sonrisa-

Los azules ojos de Ruit penetraron los de Minerva, represores, y prontamente volvieron al suelo como un hijo que al ser insolente con su padre pretende enfrentarlo y luego se averguenza.

Rodrigo miró el panórama. Las gotas del grifo golpeaban una y otra vez en la blanca piel desnuda de la joven.
_ Eres increible Alex.... sabía que me la ibas a traer.

Súbitamente el grifo dejó de perder agua y un silencio absoluto invadió aquella claridad de fluorecente. 

_ Existe un mal -dijo mirando a Alexander directamente a los ojos- que ¡maldición!  no podría acordarme el nombre. .. uno de esos males "Psicologicos" -dijo imitando las comillas con las manos- en que el asesino se enamora de sus víctimas...¿te pasa eso Alex?

Ruit no soportaba que el mocoso lo llamase Alex, pero era tarde Minerva dominaba la ciudad y queria a Alexander de su lado. Era mejor tenerlo de amigo que como enemigo, así que decidió cumplirle ese favor y matar a aquella desconocida.
_ Me pasa algo así.  Desconozco quien era ella y yo no juego así Rodrigo
_ Lo sé, lo sé -interrumpió-
 _  Encuentro  entonces la forma de que la muerte tenga cierta belleza, cómo pintar un cuadro con los cuerpos.
Rodrigo miraba impaciente a un Alexander de ojos perdidos y humanos.
_  Una fotografía, una pintura, un libro. Son inmortales. Ellos de alguna forma también lo son.

Minerva acercó sus pesados pies a la bañera. Veia a la mujer flotando. Le tomó el cabello y sus hebras se le enroscaban en los dedos. 
_Demasiado arte Ruit, en algo que ciertamente se va a podrir.

Al desefundar el arma la pared se fué manchando de ese espeso líquido escarlata, que como un arácnido, intentaba trepar por los azulejos.

_ Eso también es arte Ruit.
Alexander lo mirá con aquella furia indetenible pero estática que lo caracteriza. Rodrigo le sonrié.
_  ¿Qué pasa?¿Acaso no te gusta el expresionismo?

Esa vez Alexander se sintió un cobarde por no hacer justicia.