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22 may. 2010

Alexander y su naturaleza.

Sobre la mesa, el vapor del café, tiritaba en su fallido intento de empañar los vidrios de la habitación. La garganta helada de Margot dejó pasar un trago. Después del café y su cigarrillo matutino debia cepillar largamente los dientes para desmancharlos. Alexander miraba por la ventana, una luz azul matizaba el vasto paisaje. Lejos de la ciudad parecian alejarse de la realidad.
_ ¿Cómo se siento eso?  -preguntó Margot mientrás se desperezaba, sus pies trataban de alcanzar el techo y en Ruit esto le despertaba una larga sonrisa.
_¿ah?
_ Vos sabes, acá... -comenzó a caminar sensualmente y lo atrapó entre sus brazos- Nos podemos alejar y ser distintos. Sentirnos quienes de verdad queremos ser, evadir la mentira que nos atá.
Se apartó unos pasos y acarició la madera de la pared.
_ ¿Qué serías si pudiese volver a empezar? Otra oportunidad -susurró-
Los azules ojos de Ruit aparecieron vacios.
_ Yo sería un hada... una mujer que se dedique a salvar a otras y bailaria por cada rincón del mundo iluminando vacíos.  Derrocharia sonrisas. No apestaria a sucia comadreja ni me revolcaria con nadie por billetes. ¿Que serias vos?
Una mosca rompió la conexión momentaneamente, Alexander levantaba en ese momento su copa de café y Margot terminó de servirle agua.  Afuera un viento gélido parecia ser bostezado desde el arroyo. La mosca zumbaba inoportunando el silencio.
_ Te hice una pregunta.
Alexander bebió su café y acto seguido el agua. Margot observaba la situación algo molesta. Apenás termino, Ruit miró a la mujer y sonrió.
_ Aunque nos apartemos  y huyamos de nuestra realidad...
Encerró la mosca en su vaso, la cual comenzó a golpearse contra el cristal intentado huir.
_ Hay cosas que son imutables...
Y tomando el cigarrillo de Margot lo metió dentro del vaso y se entretuvo mirando como el insecto se sofocaba y caia con sus patas para arriba haciendole cosquillas a la barriga de la muerte.