Modo de Lectura

La lectura de este blog debe realizarse de ABAJO HACIA ARRIBA, para poder seguir la historia, puesto que, cada nueva historia completa la anterior.

11 sept. 2009

Baldwing Ruit y las dos balas.

A la edad de dieciseis años el padre de Baldwing muere debido a un derrame cerebral. Dejando así a su hijo condenado a pasar la mitad de su existencia amortizando la monótona vida de su madre, una mujer grotesca y desequilibrada.

La única herencia que le quedó a Baldwing de su padre, Alexander Ruit, fué una Magnum Carry.

Diminuta y gastada fué cepultada en el cajón que Baldwing abre y cierra con llave a diario controlando que nada le falte.

La guarda celosameente junto con dos balas.
No cabe duda que una es para acabar consigo mismo.

La pregunta es ¿Para quien guarda la otra?

Baldwing y el ciego de la quiniela.

Una mañana de Septiembre Baldwing despertó. Luego de detener el timbre del despertador se rasuró con la tentación de reutilizar la navaja que habia encontrado. Se duchó y luego de salir del baño consulto la hora sobresaltado. Parecia que el tiempo se hubiese adelantado.

Rápidamente se vistió y no lavó la taza con cafe que albergaba los restos de una manzana que comenzaban a oscurecerse.
Fué en cuanto llegó al palier del edificio que descubrió que la rueda de su bicicleta estaba desinflada. Acto seguido y dejandola en el lugar emprendió presuroso su caminata.

Baldwing caminaba de manera atolondrada. Su diminuto cuerpo golpeaba entre la gente que lo miraba con disgusto. En el camino y como una extraña coincidencia del destino, todos los semaforos se pusieron en rojo para los peatones. Baldwing pensó que esas escasas cinco cuadras se habian vuelto bloques enteros de cemento. Y que algo no lo deseaba que llegase al trabajo.

Por fin a media cuadra de su trabajo no puedo evitar mirar a un ciego que se dirijia directamente a una columna en su oscura travesía. Baldwing nunca habia sido solidario, no le importaban los demás. No era desprecio pero era un hombre totalmente frio a su realidad, como un cuerpo inerte dedicado a archivar papelerio.

Pese a esto Baldwing lo salvó del golpe.

_ ¿Estamos cerca de la esquina? -preguntó el ciego-

El olor rancio del ciego le recordaba esos bodegones que frecuentaba algunas tardes para jugar ajedrez. Posiblemente lo habia visto vendiendo peinetas en algun colectivo.

_ Estamos en la esquina.
_ Tengo que doblar en la esquina Rosario de Sta. Fé. -dijo simpáticamente el hombre-

El ciego no podía haber elejido calle más tránsitada para doblar, sumandole a que Baldwing debió preguntar a una moza de un bar si efectivamente esa calle era Rosario y Sta Fé.

_ Es una quiniela.

Baldwing tomaba al apestoso hombre del brazo y lo dirijia. ¿Acaso el ciego pensaba en cambiar la suerte de su vida?
Al llegar a la quiniela lo dejó en la puerta.
_ Muchas gracias, al 205 voy a jugar. - En realidad Baldwing no recuerda si era al 205 o al 502. Pero es poco probable que ese hombre haya enderesado su suerte-

Al llegar a su oficina su jefé simplemente no lo saludo. Caminó despacio a su escritorio y se encorbó sobre su máquina de escribir. En su calva se reflejeba el minusculo ventilador de techo sin funcionar.

Baldwing se preguntó porque habia ayudado al ciego, y no puedo dejar de recordar a su tío. También era un ciego timbero y todos los días jugaba sus tres pecitos.
Recordó el informe sobre ciegos de Sabato y se pregunto si la Quiniela era alguna especie de secta para ciegos.

10 sept. 2009

Baldwing y la globalización



Baldwing esperaba sentado en la plaza que algo espectacular suceda.
Pero nada sucedió.

Las estatuas comenzaron a aumentar sus sombras acorde el sol caia sobre el horizonte. Decidió entonces comprar goma de mascar y caminar de regreso a su casa. Pero a mitad del camino algo lo detuvo. No pudo explicar que, pero decidió caminar hasta una cabina telefónica. Cojió la pesada guía y busco.
Discó un numero interminable correspondiente a Granatá, Julian Alberto.

_¿Hola?
_ Hola, ¿se encuentra Julian?
_ Si, soy yo. ¿Quién habla?
_ Te habla Baldwing, Ruit. Trabajamos juntos en la oficina mucho tiempo. Te acordas, vos me traias los informes y yo los pasaba en máquina y archivaba.
_ Si, me suena. ¿Que necesitas?.
_ Nada, queria saber que era de tu vida.
_ Trabajo.
_ ¿Seguis usando ese lapiz chiquitito que en la punta tenia una goma?
_No.

Del otro lado la línea se corto, el sonido de corte no sorprendió a Baldwing.

Una minuscula sonrisa se habia apoderado de su rostro. Era curioso como jamás habia mediado palabra con Julian A. Granatá pero alcabo de unos segundos y gracias a la globalización al menos ahora sabia que trabajaba, que ya no usaba un lápiz gracioso y que su voz no era tan aguda como la recordaba.

Baldwing y el insomnio



Tres noches sin poder dormir fueron suficientes.
Baldwing habia vaciado entera una lata de café y la música emitida por cadena nacional hacia parecer interminables las noches.
El ascensor subia y bajaba una y otra vez con ese sonido caracterizticos de los viejos edificios.
Lo que no le permitía dormir era la nueva mascota de su vecina de 5to b.

Baldwing salió al balcón. Desde allí se podía ver el campanario de la iglesia y los taxis gastando las calles.

Encencdió el último cigarro de la cajetilla Romeo y Julieta y pensaba que aquel animal parecia confundir la noche con el día. " Es un ave nocturna" habia escuchado decir a su vecina quien desoia su mascota dado que trabajaba de noche cortando entradas en una confiteria.

Baldwing volvió a su habitación. En la radio sonaba "El pastor solitario". Arranco una amarillenta hoja de su block de notas y la enrrollo.

Después de un pequeño esfuerzo cruzó medio cuerpo al balcón del lado y logró encontrarse con el ave. Metió prolijamente la hoja en la jaula del animal y antes de la última pitada encendió el papel.

Baldwing yació quieto mirando las llamas y el desesperado cantar del ave mientrás se preguntaba donde conseguiría a esas horas otra cajetilla de Romeo y Julieta.

Sobre el asfalto esa noche llovieron plumas de fenix y en adelante, Baldwing, no volvío a tener problemas de insomnio.

Baldwing y la navaja de su padre.




Baldwing no extraño ni una vez a su madre desde que murio. No habia diferencia. Tan sólo el telefono habia dejado de sonar puntualmente a las 21 hs de cada noche, mientrás Baldwing servia su plato hondo blanco lleno de sopa de aguada consistencia y fideos tirabuzones en su departamento.

Cierto domingo, dos meses después de la muerte de su madre se le dió por entrar de nuevo al roido palacete de casa familiar. Luego de revolver cajones encontró una navaja de afeitar de su padre, que seguramente habia utilizado en vida. Le dió curiosidad que nunca su madre se la hubiese mostrado.

Por la noche se afeito con la navaja.

Al acostarse soño que hacia el amor con su madre.

Se despertó inquieto a mitad de la noche hasta pensar que él sólo fue un pasivo observador desde la subjetiva de su padre. Quizás en la muerte habia logrado unir a dos seres que por mucho tiempo estuvieron alejando.

Baldwing por la mañana guardo la navaja en el cajón que asegura con llave todas las mañanas antes de ir a trabajar y partió a tipear informes que debia archivar antes del mediodia.