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19 nov 2009

Baldwing y el diario de su padre.

Billones de papeles se prolongaban en el sueño de Baldwing, una oficina de paredes infinitas y  él tipeando letra por letra, atrapado en su mónotono cubículo. Cuando el sueño lo vencia y su cabeza comenzaba a revotar de arriba a abajo escuchaba la voz de su jefe junto a aquel insólente de ojo de vidrio que lo observaban. Al otro lado su mujer sostenía a un bebe putrefácto. Finalmente su cajón se abría y la Magnun Carry iluminaba el inquietante silencio.
"Hazlo" "Hazlo" "Hazlo" le repetía una voz familiar. Al tomar el arma no sabia a quien disparar y finalmente al trataba de volarse la cabeza, repetía la acción de apretar el gatillo infinitamente, el arma estaba vacia. Inmediatamente quedaba en una sensaciòn de inmovilidad que lo hacia sentir incómodo. Al abrir los ojos notò que la sensaciòn se habia trasmitido al cuerpo y no podría moverse, pero ya era claro que habia dejado de soñar, en sus sueños nunca estaba el vaso de agua sobre la mesa de luz.

_ El bebè ha despertado. -la voz sonó lejana, como desde la infancia y Baldwing sintió arder su nariz frente a un perfume que le era familiar-

Por la ventana ingresaban los ruidos de la ciudad, bocinazos, gritos, y un silencioso monstruoso que asecha, porque Buenos Aires nunca duerme.
Apenás los ojos de Baldwing se acostumbraron a la oscuridad, descubrió estar atado.

_ Cuando nos cruzamos .-la voz parecia moverse- Me dije ¿En que se ha convertido este muchachín?
Un encendedor iluminó la habitación, los plieges de su rostro fueron uno a uno contorneados por la danza de aquella chispa de luz -
La mujer era mayor; reconocío un largo camino de arrugas en su rostro, un hediondo saco de piel y una sombra bastante apegada a su alma. Poco a poco Baldwing sincronizaba los pasos al moverse  del cigarro.  Finalmente reconoció un sonido,  esos tacos en una callejuela, en una habitación vacia o serenos mientrás un cuerpo se desnuda, sonaban de igual manera. Margot.
_ Uno se espera siempre mucho más de sus hijos. Tú eres una sombra de lo que fué tu padre.

Un frío se posó en la sien de Baldwing. Olío rápidamente el métalico aroma mezclado con tintes de polvora provenientes del percusor. Y unos crístalinos ojos lo juzgaron desde el más allá.
_¿Porque sonríes? -pregunto Margot-
_ Me encantaría ver las astillas de mi craneo lloviendo sobre Buenos Aires...


Margot tiró su cigarrillo sobre las sábanas, pero para la lamentación de Baldwing éste se apago.
Finalmente oyó la puerta del fondo cerrarse, ya estaba sólo. Trató de desatarce pero le fué imposible y se durmió.

Al despertarse no habia ni una sóla cuerda, ni su cajón estaba desordenado. Sobre su mesa de luz el diario de Alexander Ruit era lo único que Baldwing pudó hayar que le diese un índicio sobre que realmente sucedió durante la noche.
Cuando terminó de leer las primeras tres hojas del diario, Baldwing, no pudo evitar preguntarse porque su madre se habia casado con el mayor cretino de la ciudad, mientrás Margot al otro extremo de la ciudad,  se afirmaba vehementemente que Baldwing era un desquiciado, de seguro.

Aquella mañana y pese a que su padre era un cretino decidió volver a rasurace con aquella navaja que tanto custodiaba en su cajón, la navaja de su padre.