Modo de Lectura

La lectura de este blog debe realizarse de ABAJO HACIA ARRIBA, para poder seguir la historia, puesto que, cada nueva historia completa la anterior.

11 dic. 2009

Alexander y el oído músical.

Crack....Crack....Crack.... Era una mala pregunta para hacerle a un marido infiel. No, no por su condición de infiel.

Crack.....Crack....Crack.... Y un silencio avenia a la situación real. Un silencio de ultratumba. En la otra esquina de la habitación Margot sonreía ante la pregunta de la ingenua esposa.

_¿Cómo crees que suenan los huesos a partirce?
Alexander la miró con la cara que pondría un cirujano si alguién le preguntase ¿De que lado está el corazón?

_ Los huesos al partirce suenan crack, crack, crack. -dijo jugando con sus dedos sobre un cuello imagínario-
_ ¿Cómo el crinch de un cristal cuando se rompe?
_ No, sólo Crack. Y luego de cierto tiempo y dependiendo donde presiones, también puedes pararle el corazón a alguien.

Alexander sonrió ante la ingeniudad de la esposa.

7 dic. 2009

Baldwing y las decisiones díficiles.


Baldwing volvia a su hogar, su ropa pesaba demasiado y es que la lluvia lo habia golpeado salvajemente. Al dejar su paraguas la desolación de su claustro fué absoluta. Habia unos temitas que empezaban a darle golpecitos finos en la sien. ¿Acaso llegó la hora de sacarlos de ahi?.
Baldwing discutia esto con su cigarro y Buenos Aires tan hostill le doblegaba su repudio encandilandolo con las luces.

Es que Baldwing no sólo es un cínico, es un genio en proceso.

Salió apabullado de su propio hedor a soledad. Un viejo punto turístico de la ciudad fué el celoso guardían de su hundimiento espiritual en ese fango espeso de la demencia.
 Las luces bailaban entre la lluvia, esquivando las gotas y dispuestos a no mojarse los hazes muchas veces morian refraccionandoce.
Se sentó frente al teatrillo callejero y esperó la salida de los artístas.  Una señorita vestida de bailarina se le acercó con ojos pardos y serenos, quizás los más serenos que Baldwing vió alguna vez. Una cortina tenue de olor a marihuana provenia de algún sitio.  Las carcajadas psicodelícas invaideron a Baldwing de un horror de pesadilla de niños.

_ Señor, hoy no hay función.

Baldwing la miró a los ojos y saludando cortesmente salió a encontrarse con la lluvia, convencido de que el teatrillo le habia dado la mejor función de todas. Ahora tenía algo que no podía guardar en su caja. Una mirada, ruido de carcajadas y un espeso olor a marihuana sobre los adoquines de Buenos Aires.  Y sin embargo se sentía feliz, como nunca.