Modo de Lectura

La lectura de este blog debe realizarse de ABAJO HACIA ARRIBA, para poder seguir la historia, puesto que, cada nueva historia completa la anterior.

10 oct. 2009

Baldwing y su hipótesis sobre el segundo advenimiento.

Baldwing alzaba sus manos al cielo razo desecho y se miraba en el espejo.

_ Quizás sea alguna especie de Dios. - pensaba vagamente- Si, eso, un Dios hecho carne sufriendo los sacrificios de un mesías.

Tembloroso cojío su piloto y un paraguas...llovía estrepitosamente y saliendo a las 7 a.m de la mañana se aseguraba llegar a tiempo a su trabajo.

Afuera la lluvia se entretuvo impactando con su paragua. En una esquina un taxi levanto un charco que empapó a Baldwing.
"Los matirios de un Mesias moderno" pensó mientrás para la ciudad él era sólo una figura gris, pequeña y empapada bajo una lluva torrencial.

9 oct. 2009

La luna y Alexander Ruit.

La luna, enamoradiza de algunas historias que sólo pueden mirarse desde el silencio del satélite, se anima a contar sus historias en el blog de Margot.
En esta oportunidad, Margot, cuenta la historia de Alexander Ruit, el padre de Baldwing.


El link es:

http://soloundeliriodelaluna.blogspot.com/


Salud.

El Autor.

5 oct. 2009

Baldwing y como imponer respeto.

Baldwing redactaba una y otra vez un informe. Escribia rapidamente, sus dedos se desplomaban sobre la maquinita de escribir.

Levantó su vista al sentir que lo miraban.

La oficina era diminuta, apestaba a papel viejo y húmedo. Una ventana a espaldas de Baldwing repartia luz en el lugar, de frente una puerta dejaba ver el pasillo.

Su jefe y otros más lo miraban, como extrañados. De repente uno de ellos rompío en risa.
A Baldwing le indignaba ser objeto de burla, toda su vida lo habia sido. Su mirada cayó sobre sus papeles "La construcciòn puede demorar de dos a tres años utilizando materiales de buena cálidad, sin embargo sujerimos ..." decia el párrafo del texto que Baldwing tipeaba.

Baldwing tenia el dedo hinchado, cada vez que veia el anillo en su dedo índice y recordaba a su mujer pensaba en cortarse el dedo. No, no sacarce el anillo. No queria tolerar el tiempo que tardaba la piel en hacer desaparecer la marca que dejaba. Nada que le recordase a esa mujer. Mutilar la unión.


Una estridente risa llegó a Baldwing que no pudo evitar levantar los ojos. El de la risa se llamaba Sergio Falco. Era la mano derecha de su suegro. Ocupaba el puesto que Baldwing, por capacidad deberia ocupar. Su rostro, alargado y sereno era perfectamente armónico, pero un ojo de vidrio deformaba un poco aquella prólijidad estética que daba la imagen de Falco.

Se habian incorporado a la charla dos secretarias sumamente atractivas y de seguro se burlaban de la patética apariencia de Baldwing, era común para él que el género femenino se divirtiese a costillas de su mediocre apariencia.
No pudo evitar en aquel momento mirar a los ojos a Sergio, y sonreirle, como sonrie un desquiciado ante las llamas de la hogera donde piensan incinerarlo.



Sergio quedó paralizado,

¿lo habria soñado también alguna vez?, Baldwing se imaginaba hundiendole su lápiz de afilada mina en el ojo sano de Sergio. Una y otra vez. El chasquido que el ojo producia le sonaba morbosamente divertido.
Sergio no pudo evitar sentirce incomodo, recordó que esa misma sonrisa mantenia Baldwing mirandolo a los ojos el dia que decidieron brindar por su ascenso.

Baldwing esa noche recordó que los brindis tenian algo de especial. En sus origenes no eran rito de festejo, sino que ante la desconfianza de alguna autoridad ó persona hacia sus interlocutores realizaba el brindis. El miedo era, obviamente, que le hayan envenenado la copa.

Los que estaban por beber, golpeaban sus copas de modo que los contenidos se mezclasen. Si alguna de las copas estaba envenada, ambos moririan. De lo contrario, ante la inminente muerte, el traidor de seguro confesaría para evitarla.


Baldwing se sentia traicionado. Pero ya no funcionaba eso de poner veneno en las copas. Simplemente bastaba sonreir y que el destino se encarge de lo demás.

Y así fue que desde el día en que perdió su ojo, Sergio no volvió a acercarse a los brindis donde Baldwing fuese quien destapase las botellas mientrás sonreia.