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27 nov. 2009

Alexander y la crianza de un niño.

Cuando la señora preguntó sobre el niño y comento lo adorable que eran esos cachetotes, jamás imaginó la perversidad con la que aquel infante se desarrollaria. Aquel dos de enero,  para ser francos no tuvo nada de particular. Tan monotono era el día que siquiera era recordable por el clima.

Alexander miraba a su mujer pero no dejaba de pensar en aquella bella protistuta con la que habia empezado a frecuentarse. Aveces cuando se sentaba a conversar con su mujer le resultaba tan poco fructifero todo,  que las charlas ya se habian desechado en la relación. Aquella mujer era una santa, pero Alexander padecia eso,  no lo disfrutaba.

El pequeño Baldwing caminaba ya a paso seguro y no se caía. Finalmente se paró frente a un perro callejero que no dudo en enseñarle los dientes, al pequeño, que se acercaba con fatales intenciones tal como tirarle del rabo.
Baldwing esbozó su primer sonrisa perversa, los dientes finos y largos del animal y su presencia de ira le causaban una extraña símpatia. El perro huyó aterrorizado por aquellos pequeños ojos tan palpitantes de maldad que lo miraron una y otra vez chispiando un secreto amor hacia la sangre.
Cuando Alexander se distrajo, Baldwing estaba haciendo algo de lo que más disfrutaba, corriendo contra grandes hormigueros  y sin dudarlo un segundo los pateaba. Las hormigas brotaban furiosas de su huecod, tratando de defender su hogar. Escalaban rápidamente las piernas del visitante y hundian sus mandivulas para inyectarle a aquellas rosadas piernecitas el suficiente ácido fórmico como para chistar un rato.
Baldwing no se conformaba y continuaba pateando monticulos de tierra impregnado de colonias de hormigas. Alexander pronto notó a su hijo saltando endemoniado, las hormigas le daban batalla.
Caminó lentamente hacia el termo de leche que siempre llevaban para el biberon y alzando a su hijo en brazos lo miró fijamente.
_ Son malas eh.
_ SI! -gritó torpentemente Baldwing-
_ Aveces, cuando el enemigo es superior y más poderoso, debes tan sólo usar tu cabeza.

Baldwing miraba los ojos inmensos de su padre sin comprender del todo la lengua adulta. Alexander le sonrió, algunas hormigas ya habian comenzado a tomar los zapatos del hombre, y tomando el termo arrojó toda la leche hirviendo a la tierra que pronto tomó un color marrón claro mienrás mezclandose con el vapor brotaba del suelo un calor que ahogaba en una ardiente lluvia láctica a los insectos que se retorcian al tiempo que sus cuerpos comenzaban a flotar.
Alexander y Baldwing contemplaron abrazados el espectaculo mientrás el sol caia  y las hormigas en sus lenguas primitivas clamaban piedad asfixiandose en la nata.


Dos días después Baldwing descubria que algo símilar pasaba con los perros si se le tiraba agua hirviendo ensima y así se dedico a experimentar con todo el ecosistema el resto de sus primeros años.

18 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Son conmovedores padre e hijo.
El diablo a su lado parece Heidi.

Saludos.

Sol - Imaginario Desesperación dijo...

Algo me dice que uno de tus libros de cabecera en años de lectura ha sido "Sobre héroes y tumbas". Algo me dice que no lo has leído una, sino varias veces.
Es laucinante la descripción que hacés del pequeño, del padre y sus deseos ocultos tras una mirada, hasta del perro.
Es fascinante. Muy muy bueno.
Espero ansiosa el próximo, espero no tarde mucho en llegar...
Cariños!

Baldwin y la demencia dijo...

Toro Salvaje: Lo importante es que se quieran...¿no?. Heidi de todas maneras no sabemos qe fué de esa niña en su adolecencia. Saludos"


Sol, pues ayer decia, que Sobre Heroes y Tumbas me marcó mucho. De todas maneras Bradbury también, pero no se nota en este blog. Gracias Sol.

Cordelia dijo...

¿qué heredó de la santa de su madre ese niño maléfico?

un saludo

El viento a contramano dijo...

Baldwing no era malo, era incomprendido... y un adorador de su padre.

También hay mucho del lobo estepario de Hesse acá... esa magnun y la navaja de afeitar del Harry Heller hablan de personajes con algunas similitudes.

Amigo Baldwing, le dejo un gran abrazo. Excelente historia. Hasta la próxima.

KUBAN dijo...

Vaya par de demonios. Magnífico relato. Un abrazo.

jorge dijo...

De niños casi todos corriamos a aplastar hormigas y tirarle del rabo al perro.

El niño no desentona (todavia), el que da la nota es el padre.

Si baldgwin llega a mayor o sera insoportable, o se dedicara al cine o escribira historias en internet...

... o solo dos de estas posibilidades.

Baldwin y la demencia dijo...

JAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAAJ, que estas insinuando Jorge? jajajajajjajajajajajaja,

La sonrisa de Hiperión dijo...

Yo es que no soy de criar niños... soy mas de hacerlos...
jajajaj

saludos y un abrazo

Hollie A. Deschanel dijo...

No todos descubren lo que él ;)

Beso!

Marisa dijo...

Con angelitos así
estaría demás el
cielo.

Parece que aún estoy viendo
la escena del perro.

Excelente narración.

Buen fin de semana.

Un abrazo.

Gabiprog dijo...

Este chaval en la cocina debe ser un peligro...

beker dijo...

Pues a ver que fue de aquel que tantas maneras apuntaba, al menos tenía iniciativa, porque ahora muchos se crian en burbujas alejados de las hormigas, de la vida misma. Excelente, un abrazo

Sauze dijo...

Qué travieso, pero que lindo a la vez,entran ganas de comerselo.
besoss

Arya dijo...

Interesante tu blog y relatos. Me encanto la foto.. cara de pillo.

Saludos cordiales...

Anónimo dijo...

genial mi querido, totalmente genial!

JoSSe!

Caresse. dijo...

Seguramente de su niñez se inspiraron para la peli del Ángel malvado ¡susto!

(Tengo vicio de Ruit Jr que alguien me salve jejeje)

Bisous de lejitos.

Alicia María Abatilli dijo...

Relato que deja presente el vuelo lo posible.
Un abrazo.
Alicia